Al son de De Bruyne

Cuatro goles había encajado el Bayern en toda la primera vuelta. Los mismos que le endosó ayer el Wolfsburgo en la vuelta a la competición doméstica confirmando las buenas sensaciones que está dejando este año el equipo de la Volkswagen, que a cada partido que pasa se antoja más difícil de batir, mucho más trabajado, capaz de hacer algo importante, más aún con la llegada al equipo de todo un campeón del mundo como Andre Schürrle. El partido, por cierto, comenzó con el homenaje al fallecido Junior Malanda, al que sus compañeros brindaron un verdadero homenaje durante los 90 minutos, con su compatriota Kevin De Bruyne haciendo un partido espectacular.

Guardiola hizo uno de sus inventos que suele salir bien, colocó a Rode en el lateral derecho para neutralizar las subidas de Ricardo Rodríguez y de, en principio, Caligiuri, aunque la alternancia de banda durante el partido entre Caligiuri y Perisic complicó aún más al ex del Eintracht Frankfurt.

Dieter Hecking, por su parte, puso a Bas Dost en punta, colocó a Arnold en el doble pivote junto a Luiz Gustavo y a Vieirinha en el lateral derecho, lo que dotó de profundidad a los lobos por banda derecha.

Soberbio el partido del Wolfsburgo en los primeros 45 minutos superando en todas las facetas al Bayern. El entramado defensivo de Dieter Hecking superó con creces al conjunto bávaro, en gran medida por el alto nivel de presión mostrado por los de la Volkswagen. En primer lugar dificultando la salida de balón desde la zaga del Bayern, formando un 4-4-2 con esos hombres de arriba cerrando toda línea de pase y, con la colaboración del centro del campo, secando la transición ataque-defensa que debía realizar Xabi Alonso en un partido que para el tolosarra fue una auténtica pesadilla.

En cuanto al ataque, el Wolfsburgo propuso un partido rápido en el que el centro del campo apenas intervenía si no era para ir hacia la banda a dar apoyos. Velocidad y contras que en la primera mitad tumbaron a los líderes de la Bundesliga con la cantidad de espacios concedidos en defensa con un Rode que no estuvo nada cómodo en esa posición que le tocó ocupar. No solo por Ricardo Rodríguez y el extremo que en ese momento estuviera por su banda, sino que le tocó lidiar con Kevin De Bruyne, un apoyo constante en las bandas y un incordio para los dos centrales, Boateng y Dante. Notorio destrozo del belga que se iba a hacer aún más visible en el segundo tiempo.

El ataque de los de Guardiola fue inexistente, la defensa un desastre. Ni unos lograban huecos, ni los otros los cerraban. El 2-0 en la primera parte fue justo. El 4-1 final más aún. El Bayern tras la reanudación continuó sin poder parar los mordiscos de los lobos en una noche realmente aciaga para los muniqueses. La defensa, verdaderamente vergonzosa. El error cometido en el 3-0 no es propio de un equipo de la talla del Bayern, con los dos centrales delante de De Bruyne en campo contrario. Y De Bruyne no perdonaba el 3-0. El gol de Bernat tras el mal despeje de un imperial Naldo provocó el 3-1 aún hacía soñar con la remontada, pero una vez más apareció Kevin De Bruyne para poner el 4-1 tras recortar a Dante. Y para dar un golpe de autoridad aún mayor en la lucha por entrar en la Champions League.

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Arrivederci Roma

Se acabó la Champions para la Roma en una noche de decepción en el Olímpico de la capital italiana. El Manchester City de Manuel Pellegrini estará en el bombo en el sorteo del próximo lunes tras vencer en un partido con un ritmo bajo para lo que había en juego a los Giallorossi.
Ambos equipos decidieron no arriesgar mucho. En defensa decidieron guardar la posición, no arriesgar a la presión y dejar desocupado el sitio. Arriesgo un poco más la Roma que el Manchester City. Keita se quedaba cerrando y ayudando a sus compañeros a la salida de balón. Nainggolan, por su parte, llevó la manija de la Roma, el jugador que más carácter y fútbol mostró en el conjunto italiano. El City decidió defender por acumulación.

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La Roma intentaba penetrar la defensa Citizen por banda, especialmente volcando el juego a la izquierda, donde Gervinho o Ljajic, que cambiaban de banda continuamente, y Holebas se encontraban continuamente con un buen Pablo Zabaleta y, si lograban pisar área, encontraban nueve jugadores de los Skyblue dentro del área para sacar el balón, quedando únicamente Nasri y Dzeko como jugadores que no participaban en labores defensivas. Esto es, las dos líneas de cuatro dentro del área. Pero eso sí, la presión seguía siendo nula por parte de ambos.

El panorama no cambio mucho en la segunda mitad, al menos en lo colectivo. Pero empezó a emerger la figura de Samir Nasri y el City empezó a hacerse valer. Y llegó el golazo del francés para dejar encarrilado el pase del City a octavos.

La Roma adelantó líneas, aunque los cambios no fueron extremadamente valientes, casi todos hombre por hombre, incomprensible cuando necesitaban ganar el partido con ese gol de Nasri. Iturbe por Ljajic, Destro por Totti y Florenzi por Maicon. Los Citizen no perdieron la posición en ningún momento, ni siquiera buscaron la contra, a pesar de que el gol de Zabaleta llegó así, con la Roma volcada. Eso sí, Pellegrini decidió quitar a Dzeko y buscar un punta de más movilidad como Jovetic para intentar cazar alguna los últimos minutos.

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El puñetazo de Hegeler

A mí me podrán intentar vender que la Champions para la Real es un premio y que hay que disfrutarla.  Pero yo no lo compro. La Champions es para disputarla, para salir a morder e hincarle los dientes al rival hasta hacerle sudar sangre para llevarse los tres puntos. Y aún así, si pierdes, al día siguiente te levantas con el bajón propio de un partido de Liga de los de hace tres años. Y si la derrota es tan cruel e injusta como la del BayArena de Leverkusen, el batacazo es mayor. Como si un puñetazo de Mike Tyson te hubiera llegado a la cara y te impidiera recobrar el conocimiento. Ayer Hegeler hizo de Tyson y en el minuto 92 dejó a todos los realistas con un gesto de incredulidad como pocas veces se ha podido ver por San Sebastián.

Se veía al Bayer Leverkusen más hecho que a la Real. Igual que se veía que la Real había estudiado al Bayer Leverkusen y que por eso sacó a Elustondo junto a Markel Bergara, algo que en un principio no me gustó, pero que a la postre resultó ser una muy buena decisión, al menos en la primera mitad. Tal fue esa decisión que no se vio a Lars Bender en todo el partido gracias a la asfixiante presión de los dos canteranos que ayer formaron el doble pivote. Solo Rolfes en el centro del campo daba al Bayer Leverkusen el rigor necesario para sacar el partido adelante, un Rolfes al que el balón no le quemaba en los pies y que no tenía ningún problema en ordenar ofensiva y defensivamente al conjunto local. El pivote y capitán de los locales dio un ejemplo de cómo hay que jugar en esa posición Tenía el balón, daba las pausas necesarias para que su equipo no sufriera con la velocidad del trivote ofensivo que tiene la Real y, por si fuera poco, remató sólo en el primer gol de su equipo. Y esta acción habla muy mal de la Real.

Ya está mal dejar que un jugador entre solo desde fuera del área cuando su equipo tiene que botar una falta. Y te pueden rematar y te puede costar un gol. Puedes tener un error. Lo que nunca se debe permitir es que remate dos veces el mismo futbolista en la misma jugada. Y menos en el descuento. Y es lo que ocurrió en el gol que abrió el marcador. Rolfes entró desde atrás. Con sigilo, desde donde nadie esperaba que pudiera llegar. Su primer remate, de cabeza a bocajarro, lo pudo sacar Bravo. El segundo, el rechace, acabó besando las mallas.

Por otro lado, hay delanteros altos, toscos, pesados, de estos que solo se mueven cuando tienen que rematar algo. No la buscan, solo esperan que llegue su oportunidad para clavarla. Los tanques del área que suelen ser estáticos dentro de ella (hay grandes excepciones, por supuesto). Es por ello que se hace más visible el genial trabajo de Kiessling. Delantero alto, pero que buscaba los espacios como si de un ratón de área se tratara, de estos bajitos que apenas los ves y que cuando lo has visto ya está celebrando el tanto logrado. Ayer Kiessling no metió, pero lo intentó de todas las maneras. Se movía constantemente en la línea del fuera de juego esperando que en una el linier no levantara el banderín y estaba presente en todas las acciones ofensivas de los alemanes. Una auténtica pesadilla para la zaga donostiarra en un día en el que el siempre correcto Mikel González no estuvo fino. Lo pasó mal con los tres de arriba del conjunto local. Especialmente con Heung Min Son.

El surcoreano, que tiene la difícil tarea de hacer olvidar a Schurrle, está siendo uno de los atractivos de este Bayer Leverkusen. Aunque el ex del Hamburgo no es un jugador que me haga mucha gracia, algo que me pasa también con, por ejemplo, Welbeck. Son buenos, pero tienen un “No sé qué” que hace que no me convenzan del todo.  Su velocidad es un puñal por la banda izquierda, e hizo sufrir a toda la defensa visitante, que no supo cómo pararlo a sabiendas de que en caso de tapar a Son era probable que Kiessling se moviera en el área como Pedro por su casa.

Sin embargo, la primera parte y la segunda fueron como la noche y el día. Y la claridad la puso Zurutuza. Cuando apareció el de Rochefort, apareció la Real. Cuando el de Rochefort apareció, la Real mostró ese juego tan fluido que ofreció la temporada pasada. Zurutuza dio a la Real ese último pase, ese control de balón y esa imprevisibilidad que tanto anhelaba ver la afición txuriurdin. Robaba, la llevaba y la pasaba, pero la pasaba rompiendo esos pases tan previsibles que estaban dando los demás. Siempre lineales, nunca rompiendo las líneas rivales. Sin prisas, sin arriesgar en exceso a la hora de soltar el balón. Zurutuza se vistió de Xabi Prieto y fue la brújula de la Real, una brújula que cerca estuvo de hacer que la Real sacara los tres puntos del precioso BayArena.

Uno que estaba desaparecido era Carlos Vela, estaba desaparecido desde el partido de Anoeta contra el Olympique Lyonnais. Estaba fallón, flojo, como falto de ganas. Como si le hubieran robado la magia. Pero apareció en la segunda parte. Me desespera ver lo poco que ayuda en defensa, pero en ataque en ciertos momentos de la segunda mitad llegó a recordarnos al de la temporada pasada. La llevaba, buscaba faltas -incluso provocó el penalti-, encaraba. No todas le salían, pero dio la cara, una cara que no se veía desde hace algunas semanas. A todos los realistas se nos paró el corazón en el segundo que hubo entre la parada de Leno al penalti y el meter el rechace. Pero lo metió y volvimos a notar los latidos. Como si los gritos de alegría hubieran sido nuestro propio desfibrilador.

Pero ni el mejor Zurutuza, ni el aparentemente resucitado Vela, ni el genial partido de la pareja de pivotes Markel-Elus y ni el buen fútbol mostrado en la segunda mitad evitaron el trágico final. Y se supone que esto era para disfrutarlo. Pues el bajón y el shock fueron de proporciones bíblicas.

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Carencias en Old Trafford

Ha comenzado la Premier League 13/14, y el United apenas ha incorporado refuerzos al equipo. Refuerzos que verdaderamente necesitaban, especialmente en la medular. Un centrocampista creador que ayudara a dar fluidez al juego de los Red Devils. Pero lo único que ha llegado para la medular ha sido Fellaini, un jugador que en su etapa en el Everton David Moyes acabó ubicando en la mediapunta. Jugador de gran envergadura pero que no sirve para crear juego de tres cuartos hacia atrás, más bien como apoyo para los delanteros.

Es decir, el mayor problema del Manchester United no se ha solucionado al menos con lo que se debía traer de fuera. Se rumoreó con fuerza en las últimas horas del mercado de fichajes de Khedira y de Ander Herrera como posibles desembarcos en el Teatro de los Sueños. Pero al final todo quedó en nada y el Manchester United sigue siendo un equipo endeble en el centro del campo. Y es que yo ni confío en Carrick, que siempre me ha parecido mediocre, ni confío en Cleverley. Es triste decirlo, pero lo mejor que ha pasado últimamente por el centro del campo de Old Trafford ha sido Wayne Rooney cuando ha tenido que echar una mano en esa posición. Y no veo ahora mismo a un equipo capaz de jugar a algo que no sea mandar balones arriba y que Van Persie lo arregle todo.

Siendo ese su mayor problema, tampoco hemos de olvidarnos de que la defensa no es de muy altas garantías. Y es que con todos mis respetos hacia Rio Ferdinand ya no está para estos trotes. No da la talla y si no fuera un icono de los de Manchester estoy seguro de que este jugador ya no estaría en la plantilla de los actuales campeones de la Premier. De los centrales solo soy capaz de dotar como válido para un equipo de la talla del Manchester United a Vidic, y está claro que tampoco es el mismo de hace unos años.

Por si fuera poco, todos sabemos que un cambio de entrenador suele ser un cambio fuerte y, a pesar de que yo creo que Moyes es de garantías, ha de aclimatarse al club. Y en este caso es más complicado debido al tiempo que estuvo su antecesor en el cargo. Sin embargo, creo que es un error del nuevo entrenador el no haber planificado con más tiempo los fichajes para reforzar una plantilla que a buen seguro peleará por la Premier, pero ni mucho menos siendo el favorito a llevarse el título, y es que el Manchester City de Pellegrini tiene una plantilla muy superior. Sin embargo, para la Champions veo un equipo muy justo, desde luego que no para llevarse la orejona.

Su mayor valía está arriba, donde la calidad de su línea ofensiva es espectacular. Rooney, Van Persie y Welbeck (este último un gran jugador pero que a mí nunca me ha hecho especial ilusión). Y dicen que la experiencia es un grado, y eso el United lo tiene. Pero la experiencia no lo es todo y no todos los días son fiesta. Y eso creo que no lo han tenido muy en cuenta por Old Trafford este verano.

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Sobre el Manchester United y el Poli Ejido

Yo vi a la Real palmar en casa contra el Poli Ejido. Así de claro y con todo el respeto del mundo hacia el conjunto andaluz. Y ni un ápice de euforia en Donosti, poco realismo se respiraba en la capital gipuzkoana. La Real era, y perdón por la expresión, una puta mierda.

Sin embargo, de repente el campo está lleno. Está rebosante de gente… de gente que no ha pisado Anoeta en toda su vida hasta este momento, de gente que no sabía de que colores viste la Real hasta la chilena de Griezmann o el cañonazo de Seferovic en Gerland. Está rebosante de un sentimiento de plástico que muchos no dudarán en quemar cuando la Real vuelva a tener una temporada difícil (ojalá que no sea nunca).

Hoy, hablando con infinidad de gente sobre el (posible) viaje a un templo del fútbol como es Old Trafford me ha venido varias veces a la cabeza el pensamiento de “pero si tú decías que la Real no valía para nada”. Gente que cuando el penalti de Savio o aquella derrota contra el Castellón en el debut en Segunda división renegaban del conjunto donostiarra. Y no me hace falta echarme tanto tiempo atrás, solo hace tres temporadas los agónicos partidos ante Zaragoza y Getafe nos hicieron sufrir a más de uno pensando que la Real se iba a volver a Segunda. Pero para muchos de estos nuevos viajeros la Real no era nada. Pero eh, que es que viajar a Europa ya es otro cantar. Ya somos un equipo de renombre y es que luchar por la permanencia no es nada “cool”.

Quizás es que siempre he sido muy pureta para ciertos aspectos del fútbol, pero nunca he entendido que una persona a la que el fútbol le da igual quiera viajar a ver un partido de fútbol. Será que soy poco avispado, pero por más que lo pienso no lo llego a entender. Pero vamos, que eso ya es cosa mía. A mí lo que verdaderamente me importa es que gente a la que sí le interesa el fútbol y, sobre todo, le interesa la Real se puede quedar sin poder viajar a ver uno de los partidos más importantes de la historia de su equipo porque a una persona le da por decir “ahora soy de la Real, que están arriba, y quiero viajar”. Es decir, me importa que gente que se ha tragado algunos de los años más duros de la Real se pueda quedar sin un “premio” por un capricho pasajero de algunas personas que acabarán pasando de la Real tarde o temprano. Y ojo, porque esas personas del capricho pasajero serán las que se quejen del reparto de entradas (que también tiene miga en el caso de la Real, pero eso ya es otro tema) porque no podrán acercarse a ver al equipo que desde hace dos días es el equipo de su corazón.

Conclusión, habrá gente que no pueda ir a Old Trafford porque a alguno que le da igual el fútbol quiere ver el ambiente de un equipo que realmente se la trae al pairo. Porque a las buenas está todo el mundo, pero a ver al Poli Ejido o al Granada74 van cuatro gatos. Y esos cuatro gatos son los que de verdad merecen viajar en la Champions. O gente a la que al menos siempre le haya importado la Real y no haya podido ir a Anoeta por h o por b.

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Un viaje de Txampions

(Antes de empezar a leer esto, debéis tener claro que no hay ningún análisis táctico ni aparece mucho balón en el siguiente texto. Simplemente escribo esto como una persona que fue a disfrutar como un simple aficionado)

Lunes 20 de agosto, diez de la noche. En ese momento es en el que el autobús a Lyon salía. Y ahí nos fuimos, la ocasión lo merecía. Un viaje largo, muy largo, muy cansado, pero todo sea por ver a la Real disputar la Champions, por ver a la Real disputar competición europea en vivo y en directo.

Arrancó el autobús, un autobús estrecho en el que apenas me cabían las piernas, pero tocaba aguantar. Me habían dicho que en los viajes con la afición dormir es una quimera, que cuando cierras los ojos siempre aparece uno con un cántico y que cuando ese se calla aparece otro. Y así todo el rato. En nuestro caso solo hizo falta una persona, y no durmió nadie salvo cuando esa persona se durmió. Pero bueno, al menos hizo entretenidos algunos ratos. Y al menos no se averió nuestro autobús como sí les pasó a algunos de la expedición a 200 kilómetros de Lyon.

Llegamos a Lyon sobre las diez de la mañana tras doce horas de viaje. Pero no importaba. A la noche jugaba la Real y todo lo demás era secundario. Tocaba visitar un poco Lyon, ya que estábamos allí algo que había que hacer. Eran muchas horas las que faltaban hasta que empezara lo bueno. Nada más llegar al metro para ir al centro de la ciudad unos niños de la ciudad cantaban algunos de los cánticos que los aficionados locales suelen hacer y apostaban por un 3-0 cantándolo todos al unísono. “Une, deux, trois, ¡zéro!”. La afición de la Real respondió con el cántico más repetido a lo largo del día: “We are Champions League! We are Champions League!”. Pique sano, una de las cosas que dan salsa a este deporte. Todos los que pasaban decían que iba a ganar el Lyon y la gente respondía con cánticos. Muy buen ambiente entre las aficiones, algo que con todo lo que decían de la afición del Lyon me sorprendió y agradó.

Cuanto más avanzaba el día más te dabas cuenta de que la afición Txuriurdin había invadido la ciudad. Fueras a donde fueras veías a gente de la Real, veías camisetas blancas y azules. Unas 5.000 gargantas iban a estar en Gerland apoyando a los donostiarras. La gran mayoría de la afición donostiarra pasó el día a los pies de la Catedral de St. Jean (preciosa, por cierto). Durante todo el día se escuchó a los visitantes entonando sus cánticos sin parar, sin descanso, sin tomar aire. Solo valía cantar.

Llegaron las seis de la tarde, la hora en la que la afición realista se había citado en el Bellecour para hacer la “kalejira” hacia Gerland (no sé cuantos kilometros habían, pero el recorrido fue largo), para que las voces de los donostiarras se escucharan por las calles de Lyon. Y vaya si se escucharon. En las calles más céntricas los empleados de los establecimientos salían a grabar con sus móviles a la larga marea de camisetas blancas y azules vociferando sus “himnos”. Fuera de las calles céntricas, la gente salía a las ventanas de sus casas. Y en los bares cercanos a Gerland (está en las afueras de la ciudad) salían a grabarnos incluso algunos miembros de algún grupo ultra del Olympique (o al menos llevaban bufandas de ellos). Llegué incluso a ver a una persona que pasaba con el coche cantar “Errealaaaaa” como si quisiera unirse a la fiesta de los visitantes. La verdad que yo por más que lo veía no me llegaba creer lo que había formado la afición de la Real. Verdaderamente espectacular. Miraba hacia atrás y no alcanzaba a ver cuando acababa la larga fila de realistas.

Entramos todos los aficionados al campo sin ningún problema, tranquilamente, cantando como durante todo el día, con ganas de que echara a rodar el balón. “¿Con esta afición como vamos a perder?” decía alguno. A mí el Olympique es un equipo que me daba mucho respeto. Muy físico, justo lo que no es la Real. Yo estaba muy nervioso y daba por buenísimo el empate a goles, para qué negarlo.

Empezó el partido después de que la afición de la Real cantara el himno de la Champions acompañando a la megafonía (he de decir que nunca he sabido lo que decía la letra, pero tampoco me importó mucho en aquel momento). La clavó Griezmann. La clavó Seferovic. 0-2 y la Real con pie y medio en Champions. No voy a entrar en lo puramente táctico en esto que estoy escribiendo ya que todos sabemos lo que pasó. Fiesta en la grada de Gerland, fiesta tintada de azul y blanco. Y es que ya lo había avisado alguno, ¿cómo iba a perder la Real con esa afición?

Y tras el partido vuelta a casa, ya no había nada más que hacer allí. Doce horas de ida, doce horas de vuelta y 90 minutos de partido. Merece la pena.

PD: Este texto también está en http://www.11degala.com.

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Illarra, Florentino y Aperribay

Nos encontramos en pleno mercado de fichajes, y en el seno del Real Madrid, entre tanto Isco y tanto Bale ha salido el nombre de otro jugador, quizás no tan mediático, pero que dota de un rigor táctico envidiable en esos equipos donde juega. Illarramendi ha sido una pieza clave para que la Real Sociedad haya acabado en posiciones de Champions League, al igual que lo ha sido en la selección española sub21 para que acabara logrando el Europeo de esa categoría hará un par de semanas.

La Real Sociedad mantuvo desde que acabó la temporada que se iba a mantener el bloque, que los mismos hombres que tocaron la gloria este último año iban a ser los que intentaran consolidar el proyecto que todo seguidor de la Real quiere, el de consolidarse en posiciones más altas.

Pero como sabemos, en esta Liga mandan dos, y los demás no pueden hacer más que ir a rebufo. Y la Real, por mucho que sus arcas estén saneadas y no necesite vender, no iba a ser menos. A Florentino Pérez se le ha puesto entre ceja y ceja Illarramendi y en Donostia han saltado todas las alarmas. Y no solo por el hecho de que se pueda ir el hombre que da orden al juego de la Real, sino porque parece que Florentino Pérez quiere negociar su cláusula de rescisión de 3 millones.

¿Cual debe ser la postura a adoptar por Jokin Aperribay, presidente de la Real Sociedad? Bien, aquí ya hay opiniones dispares. Pero la única que vale es la de Jokin Aperribay, y los rumores apuntan a que se está sentando a negociar. En mi opinión, el mero hecho de sentarse frente a Butragueño a negociar es un síntoma de debilidad por parte de la Real. En este caso, manda Jokin Aperribay, ya que dudo que Illarra vaya a hacer excesiva fuerza para salir del club que lo ha formado.

Es decir, en este caso la amistad que parece haber entre ambos presidentes (no olvidemos que Florentino Pérez aceptó venir a Anoeta a jugar el partido del centenario de la Real sin cobrar) debe pasar a un segundo plano. La Real tiene que mantenerse firme ante lo que pidan desde fuera. 30 millones para la Real. Ni un centimo menos. Y si el Real Madrid tiene que pagar en total 42 millones de Euros, que los pague (http://mierreala.blogspot.com.es/2013/07/una-de-impuestos.html ). La Real no debe mostrarse endeble ante los caprichos de uno de los dos grandes de la Liga, principalmente porque no le hace falta. Hay que ceñirse a la cláusula y obligar a pagarla de una tacada, nada de a plazos como se está hablando, y es que con ese dinero habría que reforzar la plantilla para un año en el que el club donostiarra va a afrontar tres competiciones. Y la incorporación de un pivote que supliera a Illarramendi sería algo totalmente necesario.

Y ahora, para acabar, vamos a hablar de las críticas que está recibiendo Illarramendi. Son críticas entendibles, pero cabe recordar lo que se decía (y me incluyo) en Donostia cuando jugadores como Javi Martínez o Fernando Llorente decidieron dejar el Athletic: “Se van a progresar”. Bien, en este caso sería lo mismo, solo que se iría a un equipo de la Liga. Y da rabia que se vayan tus jugadores importantes, sí, pero así es el fútbol.

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